Esta mesa camilla tiene mucho espacio. Caben los viejos amigos y hay espacio para quien quiera acomodarse al amor del brasero. Basta con tener carácter. Carácter, no mala baba.
martes, 22 de diciembre de 2015
Negacionismo histórico: cita
GARCÍA SANJUÁN, Alejandro: La conquista islámica de la Península Ibérica y la tergiversación del pasado, posición 5876. Madrid, 2013.
El énfasis con negrilla es mío. Me gusta esta definición, clara y sintética, del negacionismo.
viernes, 17 de abril de 2015
Pseudohistoria: fuentes y no fuentes de la historia
jueves, 22 de enero de 2015
También el papel miente: "por hacerme amistad y buena obra"
cuanto le dan sin estruendo,
y con hurtar escribiendo,
lo que hurta no se escribe.
domingo, 4 de enero de 2015
Historia romana: la historieta sexual como sucedáneo
El artículo que publica hoy Jot Down sobre Heliogábalo ("Los crímenes de Heliogábalo", de Rubén Díaz Caviedes), forma parte de una manera inane de escribir sobre historia, que consiste en transmitir las crónicas presuntamente escandalosas y omitir cualquier información útil para entender lo que sucedía en la Roma de entonces. Un equivalente podría ser un hipotético artículo escrito en el año 3980, que presentara la historia de la presidencia de Bill Clinton limitándose a dar cuenta de sus relaciones extramaritales.
La historia es una disciplina exigente que requiere, para empezar, una crítica de fuentes estricta. La crítica de fuentes no es sencilla, y su dificultad aumenta cuando se necesita un conocimiento asentado de idiomas ajenos.
Al menos, se necesita conocimiento y juicio crítico. Porque, si no, es fácil tomar atajos que solo conducen a la letrina. Y uno de esos atajos consiste en ver todo un imperio a través de un catálogo de cotilleos sexuales.
Hay más probabilidades de divertir al lector con los gustos sexuales del emperador que con el conjunto de intereses que representaban las influyentes mujeres de la familia de Heliogábalo. Ellas movían los hilos del poder, pero no se exhibían acostándose con sementales, ni salían por ahí enseñando el trasero. No son interesantes para esos relatos palanganeros.
No dudo que el artículo de Jot Down haya hecho las delicias de muchos lectores, y es probable que su autor haya tenido la modesta intención de contar en tono jocoso unas historietas sexuales. Pero el conocimiento habitual sobre los emperadores está plagado de sexo desde hace siglos. Echo en falta una aproximación divulgadora en torno al imperio romano menos cotilla y, sobre todo, más aprovechable intelectualmente.
Nota final: No enlazo el artículo publicado en Jot Down porque hay sobradas dudas sobre las consecuencias de la ley de propiedad intelectual en torno a los enlaces en los blogs.
martes, 8 de abril de 2014
Homeopatía en el DRAE: ni original, ni correcta
Comparemos la entrada "homeopatía" del Diccionario de la Real Academia Española con la entrada "homéopathie" del Dictionnaire de l'Académie Française.
Transcribo literalmente la actual definición, según la 9ª Edición (y última) del Dictionnaire:
"HOMÉOPATHIE. n.f. XIXe siècle. Adaptation de l'allemand Homöopathie, terme créé à partir du grec homoios, "semblable", et pathos, "ce que l'on éprouve".
MÉD. Méthode thérapeutique qui consiste à administrer, à doses infinitésimales, une substance pouvant provoquer, à doses plus élevées, des symptômes analogues à ceux de la maladie considérée. L'homéopathie s'oppose à l'allopathie".
Comparad con la definición del Diccionario de la Real Academia Española:
"Sistema curativo que aplica a las enfermedades, en dosis mínimas, las mismas sustancias que, en mayores cantidades, producirían al hombre sano síntomas iguales o parecidos a los que se trata de combatir".
Podríamos decir que la versión española es hermana melliza de la francesa. Solo le falta la coletilla final de "oposición a la alopatía".
Muchos criticamos con razón las desoladoras entradas sobre Franco o Escrivá de Balaguer en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia. Soy incapaz de entender que los científicos que ocupan sillón en la Real Academia Española consientan esa definición acrítica de homeopatía, calificada, ni más ni menos, que de "sistema curativo".
viernes, 14 de junio de 2013
Dedicado a Fani Grande: una jocosidad sobre cremas de frío
sábado, 10 de marzo de 2012
Eufemismos sobre la muerte
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| ¿Bailas, chato? |
Me desagradan los eufemismos en torno a la muerte, y los retorcimientos del vocabulario para alcanzar una palabra menos clara, más pudorosa. Hoy ha muerto Moebius, y ya he leído varios "fallecidos" y "difunto".
Es justamente ahí, en la expresión oral, donde no soporto los "fallecidos" y los "difuntos". Me evocan a las lamentables pretensiones a la decencia de términos como "de aquí" (señalándose el trasero), "pipí" y "¿hacemos cositas?" Con puntillas, ganchillo y dibujos de rosas de Francia. Ese lenguaje cursi, recortado, propio de quienes cogen las copas y los cubiertos con el meñique enhiesto, a modo de banderín que grita ¡no sé manejar decentemente cuatro puñeteros instrumentos elementales!
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| Yo no bailo con usted, nonononono |
Pero lo peor no es eso. La cursilería repele, pero no daña. Lo peor es esa ocultación morosa de la gran verdad: que vamos a morir, y que no hay remedio. Negar la mortalidad tiene consecuencias importantes. Algunas son de orden práctico: como no nos vamos a morir nunca, para qué hacer testamento o para qué donar nuestros órganos.
Negar la mortalidad encierra trampas aún peores. Cuando negamos la mortalidad de nuestros seres queridos, de nuestros conocidos, de nuestros amigos, negamos nuestra propia mortalidad. Escondemos el fin de los otros bajo eufemismos porque así disimulamos nuestra propia aniquilación. Ese espantoso voluntarismo egocéntrico: como YO no quiero morir porque YO estoy aquí para mejores cosas y a MÍ no se ME puede convertir en nada, estoy dispuesto a aceptar teorías trascendentes que ME convierten en (rellénese con lo que proceda, pero se reduce a un grito impotente de supervivencia). No soy una defensora de la resignación. Al contrario: ya que moriremos, luchemos por nuestra vida, que es lo único que realmente nos pertenece.
Y, por favor: si algún día os dicen que he muerto, no digáis "ha fallecido". O hacedlo, si queréis. Tampoco voy a enterarme...

