viernes, 14 de junio de 2013

Dedicado a Fani Grande: una jocosidad sobre cremas de frío

Titular ficticio


Diario de Navarra
Una imbécil (de Madrid tenía que ser) muere de hipotermia en la noche más calurosa del año

El titular es falso. Diario de Navarra nunca publicó un titular descalificando a los madrileños, ni tratándome a mí de imbécil. Este era el titular que me autoimpuse, en plena vena masoquista, mientras me castañeteaban los dientes de frío helador en una noche sofocante de Sanfermines.

¿Cómo es posible padecer ese frío espantoso en una tórrida noche de julio? Muchas mujeres habrán averiguado la respuesta: era el efecto de una crema efecto frío.

Soy de la cosecha del 64, como aquellas míticas añadas de Ribera del Duero y Rioja. Pero olvidemos los parentescos vinícolas: lo que realmente interesa es que estoy a punto del medio siglo y, por tanto, soy para la industria cosmética eso que los cursis llaman “target”. Cuando los publicistas huelen cuarentonas y cincuentonas con relativo poder adquisitivo, sufren un subidón de adrenalina, imaginándose un espectáculo de tarjetas de crédito voladoras. Todo ello con Forever Young como banda sonora. La cuarencincuentona de hoy no se gasta el dinero en novenas. Sacrifica en el altar de otros dioses: Eterno Juvenil, Debelador de Celulitis y, el más ridículo de todos, Estás Mejor Ahora Que Con Veinte Tacos.

Pero yo soy atea desde pequeñita y, como decía el del chiste a unos testigos de Jehová que querían convertirle: “Sí, hombre, no creo en mi religión, que es la verdadera... como para creer en la suya”. Así que no le pongo cirios a Fátima y Lourdes, las patrocine el Vaticano o toda la industria cosmética en pleno. Las arrugas salen y se quedan. Se te van cayendo las cosas que tenías más o menos firmes. Y, lo peor, te quedas medio minuto en el umbral de la cocina preguntándote qué cuernos has ido a hacer allí, si lo que llevas en la mano es el ordenador portátil.

La escasa eficacia de los milagros a tantos euros el frasco o la inyección quedan acreditados gracias a las revistas del corazón y los programas del hígado, donde vemos a mujeres muy adineradas luciendo una facha espantosa, con el morro inflado, la cara de susto, las manos de cocodrilo junto al brillo paralítico del bótox. Lasciate ogni speranza voi ch’entrate: ni todo el dinero del mundo puede contra el paso del tiempo.

Las cremas efecto frío se venden como remedio para las flaccideces, la mala circulación sanguínea y, agárrense, la celulitis. He visto atletas de alta competición con celulitis, y ahora nos cuentan que una crema efecto frío pone coto a la temida piel de naranja. Ya. Juas.

¿Qué hacía yo, entonces, untada en crema efecto frío? Algo lógico: quitarme el calor de encima. El mes de julio de 2010 fue particularmente caluroso en Pamplona, donde me encontraba pasando las fiestas. Serán los genes asturianos, pero odio el calor. Lo odio con toda mi alma, algo engorroso para alguien de Madrid, donde tenemos cuatro estaciones: invierno, Chamartín, verano y Atocha. En verano me arrastro de aire acondicionado en aire acondicionada y me disloco la muñeca a abanicazos.

Esos Sanfermines, y después de un día abrasador, me di una buena ducha. Pero aquella noche no corría ni una brizna de aire, y el calor seguía siendo insoportable. Así que recordé que había comprado una crema refrescante para mi pierna recién operada (adiós, safena, adiós). Y me unté una dosis generosa por el cuerpo.

Decía Santa Teresa, que tenía puntas de mujer sabia, que se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las denegadas. Quise olvidar el calor abrasador, y me moría de frío. Ventanas cerradas. Dos mantas. Una temblequera intensidad Niña del Exorcista. Y el titular masoquista que abre esta entrada:

Diario de Navarra
Una imbécil (de Madrid tenía que ser) muere de hipotermia en la noche más calurosa del año



P.S. Sigo utilizando la crema para quitarme el calor de encima. Basta con observar dos precauciones: no administrarla jamás después de una ducha y extender cantidades pequeñas de producto. Así aplicada, me ha salvado de calores insufribles. Y, teniendo en cuenta que es mentolada, una pequeña cantidad en las fosas nasales evita aguantar los malos olores de esos muertos pútridos vivientes que infestan los transportes públicos urbanos.

Dedicado a Fani Grande (elfemurdeeva.blogspot.es)